miércoles, 14 de marzo de 2012

El cumpleaños

Autor: Marc Chagall.
Año: 1915.
Expuesto en: Museo de Arte Moderno de New York.
Tamaño: 81 × 98 cm.
Técnica: Óleo sobre lienzo.

El cumpleaños de Chagall es una obra  poética y llena de símbolos, en la que destaca su profundo conocimiento expresivo del color, denso y con fuerza, como un aura mágica. El autor evidentemente es un pintor de estados de ánimo. Aquí nos trae uno de los grandes temas de la vida, el amor, pintado desde lo cotidiano, sintetizando en formas y colores la incontenible felicidad de la pareja, un mundo que parece iluminarse con su amor. Para expresar su cariño, pinta besos, abrazos y ramos de flores; lo que es alegre y lo que llega de repente, pinta sus figuras volando; y sus pensamientos, organiza una serie de formas y figuras que surgen desde cualquier sitio. En esta obra el propio Chagall y su esposa Bella protagonizan una cariñosa y expresiva escena de amor en una habitación donde cada una de las aberturas (ventanas) al exterior muestran diferentes momentos de luz, en la que hay sobre la mesa es casi de noche, mientras que la otra nos ciega con su luz, pero esto no importa a Chagall, es su forma de expresar cómo el tiempo, en este instante de felicidad, no existe ni tan siquiera lo ven pasar. Obedece también a un deseo de representar el mundo en movimiento, al que no quiere inmovilizar con su pintura.

La aldea y yo

Autor: Marc Chagall.
Año: 1911.
Expuesto en: Museo de Arte Moderno de New York.
Tamaño: 192 x 151 cm.
Técnica: Óleo sobre lienzo.

Chagall procedente de una familia judía humilde, profundamente religiosa y criado en un pueblo de Rusia, Vitebsk, su obra se nutre de esas dos fuentes: el recuerdo de la religiosidad familiar y la vida diaria de su infancia. Este cuadro fue realizado apenas un año después de su llegada a París, resulta ejemplar respecto a esa síntesis específicamente chagalliana entre vanguardia y tradición popular, y posee el cromatismo brillante y emancipado de la realidad que aprendió del fauvismo y que será un rasgo dominante en toda su producción. La aparente anarquía de sus imágenes, mezcladas sin una clara lógica espacial y narrativa que justifique las superposiciones, la heterogeneidad de tamaños y la transgresión de las leyes de la física, están sin embargo sujetas a una cuidada composición radial que sigue las enseñanzas del cubismo; éstas se evidencian en el diseño de líneas que articulan las diversas imágenes entre sí y establecen conexiones entre las figuras en primer término y el fondo. La apariencia ilógica de sus imágenes deriva de la simple transcripción al lenguaje visual de expresiones comunes del lenguaje hablado, que Chagall retoma y visualiza como forma de revelar experiencias psíquicas.
Las referencias al mundo campesino en el que pasó su infancia, las casas aldeanas, la ordeñadora y la pareja de labriegos, así como el motivo vegetal en primer término, son algunas de las imágenes que con mayor constancia repitió a lo largo de toda su obra. Todas ellas tienen como referente común el mundo de su niñez y Chagall hace uso de ellas encastándolas con la arbitrariedad del ensueño y la nostalgia.